Aprendiendo a Pedalear
«La primera vez que me he montado en la bici creía que se me iba a salir el corazón». Así de emocionada se mostraba Socorro González después de su primera clase de iniciación a la bicicleta. Nervios, ilusión y, sobre todo, muchas ganas de aprender es lo que se respira en las clases que a lo largo de esta semana imparte la asociación de ciclistas urbanos Kalapie en la plaza Teresa de Calcuta del barrio de Egia de Donostia-San Sebastián.
Se trata de una iniciativa puesta en marcha por esta asociación para potenciar el uso de la bicicleta en la ciudad y para brindar la oportunidad de aprender a desplazarse en este práctico vehículo a los que ya no son tan niños.
Gerarta Arotzena, coordinador de este curso y miembro de Kalapie, señala que la media de edad de los alumnos es de 54 años y que la gran mayoría son mujeres. «En este mismo curso la persona más joven es una mujer de 37 años y, la mayor, de 80 años». En general, asegura que suelen tener bastante miedo y mucha desconfianza. A pesar de ello, insiste en que «el 95% de ellos consigue aprender a andar en bici en estas clases que tan sólo duran cinco días. Es un auténtico milagro, teniendo en cuenta que muchos de ellos llevan años intentando aprender a andar en bici».
Cada clase tiene una duración de hora y media. La primera media hora es teórica y en la hora restante los alumnos realizan los ejercicios que anteriormente les ha explicado el profesor. Se les enseña principalmente dos habilidades: mantener el equilibrio y pedalear.
El primer ejercicio consiste en mantener el equilibrio sin pedalear. Desde una pequeña rampa los alumnos cogen el impulso necesario para avanzar sin pedalear y sin perder el equilibrio. Al principio utilizan los pies para no caerse hacia los lados. Cuando los alumnos logran un mínimo de equilibrio, se procede a ejercitar el pedaleo. Primero aprenden a coger impulso con un solo pie y después con ambos, hasta conseguir finalmente avanzar exclusivamente con la fuerza del pedaleo.
Un reto personal
Arotzena afirma que con esta técnica los alumnos aprenden relativamente rápido. «La mayoría de ellos ya pedalean en la tercera hora de clase. El resto del tiempo se invierte en perfeccionar pequeños detalles». «Les enseñamos a soltar una mano sin caerse, a mirar hacia los lados sin desviarse del camino y múltiples detalles más que ofrecen a la persona una mayor confianza y seguridad».
Juan José Muñoz es uno de los pocos hombres que participan en estas clases. «Me he apuntado para poder salir por ahí, andar en los bidegorris, hacer ejercicio y para poder utilizar las bicicletas que acaba de poner el Ayuntamiento».
Tras su primera clase, Maite Ituarte se encontraba un poco desanimada. «La primera experiencia ha sido más complicada de lo que yo esperaba, pero haré todo los posible para conseguirlo porque me gustaría poder hacer pequeñas salidas en bici junto con mi marido y mis dos hijos».
Por su parte, Merche Longo, otra de las alumnas que participa en las clases de iniciación a la bicicleta a lo largo de esta semana, comenta que «al principio tenía un poco de miedo pero, cuando he conseguido relajarme, me he sentido mucho mejor y me han ido saliendo los ejercicios poco a poco».

