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El Castro BTT en el Pagasarri

Las monturas descansan en la cima del PagasarriDe cómo Sir Alberto de Vela Mayor e Sir Jesus del Chor­rillo partieron en pos de (buena)ventura a la cima del Pagasarri.

No entre­tendré a sus mer­cedes en demasía, relatán­doles las razones por lo que la notable e numerosa mes­nada del Cas­troBTT quedó reducida a tan solo dos caballeros, ya que de todos es cono­cido, que muchos (auto)proclamados hidal­gos del BTT pre­fieren fol­gar e retozar en sus catres, antes que acudir prestos a la lla­mada de una Santa Cruzada. En fin, allá cada cual con sus labores, que ya lle­gará el momento de rendir cuen­tas. En cualquier caso, no es menos ver­dad, el recono­cer que bas­tan dos caballeros para hacer mes­nada, e más, si en sus yel­mos e escu­dos por­tan los col­ores del señorío del Chor­rillo e de VelaMayor.

Comienzo pues, que tras tanto pról­ogo, es nece­sario jin­car el diente en carne pronto, para que sus mer­cedes no se abur­ran e soli­vianten. E aquí que lleg­amos a la muy noble villa de Bil­bao, en un día de sol radi­ante, con el ánimo e pier­nas prestas a plan­tar batalla a las cues­tas e cima de ese monte que los viz­caínos tienen por cos­tum­bre lla­mar: Pagasarri. En menos que sus mer­cedes rezan un Ave María, ya estábamos ambos dos, prestos para par­tir en pos de ven­tura. E tomando la car­retera que del bar­rio de Miriv­illa baja a la Peña, comen­zamos nue­stro sin­gu­lar periplo por tier­ras vizcaínas.

Clava­mos espuela para dejar atrás unas pocas leguas de esos caminos arreglados que uti­lizan esos car­ros movi­dos por mano no humana e tam­poco ani­mal, e que echan fumo e pro­ducen ruido, e que de todos es sabido que no merece, e tam­poco es con­ve­niente, entrar en liza con seme­jantes artilu­gios del dia­blo. Sin pena e tam­poco (exce­siva) glo­ria lleg­amos al pueblo de Arrig­or­riaga. He de allí, en fila de a uno, con­tin­u­amos por ter­reno impro­pio para nues­tras cabal­gaduras en direc­ción a la aldea de Miravalles.

Antes de lle­gar a dicho pueblo nos desvi­amos a mano derecha, por un túnel que pasa bajo el fer­ro­car­ril (otro artilu­gio que anda e se mueve solo, par­diez con la brux­e­ria). He sal­va­dos ya nue­stros cuer­pos e almas de acci­dentes car­reter­iles nos dis­pusi­mos a afrontar las pis­tas e sendas que trepando por este angosto valle ascien­den, en cansino e doliente por­centaje de incli­nación, hasta el col­lado que hace de cruce de caminos, ideal para colo­car una picota, entre Pagasarri y Ganekogorta.

No me tiem­bla el pulso al escribir e relatar que ni el mío rocín, ni yo mesmo, tuviéramos un buen día. E esas cues­tas que en otros momen­tos hubieran sido de fácil yan­tar e mexor digestón, se me atrav­es­aron en el gaz­nate de mala man­era… pare­cesme que sin duda fui fruto de algún sor­ti­le­gio e mal oxo lan­zado por algún bruxo impío e felón.

Del col­lado tan solo una par de repe­chos nos sep­a­ran de la cima del Pagasarri, e tras reponer fuerzas en un refu­gio donde acu­den todo tipo de vil­lanos, hijos­dalgo e otros caballeros menores, alcan­zamos cima. Tras pos­trarnos e orar e dar gra­cias por el sin­gu­lar plá­tano que nos comi­mos para reponer fuerzas, nos lan­zamos por camino infecto al prin­ci­pio, que pronto se trans­forma en ale­gre pista (del gas), hasta las cam­pas de Pastorenkorta.

E de allí, y tras algún momento de con­fusión nos vimos en la obligación de pre­gun­tar el camino a un campesino al que habíamos sor­pren­dido alivián­dose de aguas may­ores tras unos setos. Mas su ver­bor­rea e plática de poco nos sirvió, porque parecía mas pre­ocu­pado en suje­tarse aque­l­los sus pan­talones, que en darnos veraz infor­ma­ción sobre la senda a tomar. Así que sin mas dilación, con­tin­u­amos e acer­ta­mos a coin­cidir con un apren­diz de caballero, me atrevería a decir, que era un sim­ple escud­ero, que tras recono­cer nue­stros col­ores, nos rindió justa pleitesía e nos comu­nicó cual era el camino a seguir para descen­der por le valle del Bolintxu.

Largo descenso e mexor senda del Bolin­txu, que en ese valle encan­tado se puede encon­trar de todo e merece la pena pasear por él.

E así volvi­mos. Una vez más, cubier­tos de gloria.


Escrito por Señor del Chorrillo el 13-05-2008 [Añadir Comentario]
Categoría: Castro BTT

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