La Vall d’Alcalá
Teníamos claro que lo del día anterior se nos había quedado ‘pequeño’. Teníamos ganas de más BTT y durante toda la tarde, relajados sobre la bici por la facilidad de la ruta habíamos decidido “hacer de las nuestras”.
Para hoy empalmamos dos: el Barranc de l’Encantada con la Vall d’Alcalá. Sobre el papel la primera de 30 Km y 729 m. de desnivel y la segunda de 40 Km y 1.413m de desnivel. Ambas se juntan en una población, Planes, y ambas ofrecen unas vistas “desde el otro lado” con respecto al itinerario del día anterior.
Adjudicado. Vamos!!
El Barranc de l’Encantada
El centro BTT estaba cerrado, ya hablaremos de esto, así que aparcamos en el pueblo de L’orxa para afrontar la primera de las rutas del día. El plan era empalmar dos como he dicho y empezamos pero empalmando asfalto con asfalto. La ruta en la guía aparece como roja (difícil), pero como en la ocasión anterior se trata de subir un puerto por una carretera de poco tránsito, pero carretera asfaltada. Remontamos la Sierra de la Albureca para bajar, seguimos por asfalto al Vall de Gallinera. Todo muy bonito, con cerezos en flor en ésta época; PERO SIGUE EL ASFALTO.
Hasta que no llegamos a la parte alta del Barranco de l’Encantada no disfrutamos nuevamente del paisaje, aunque para ello debemos usar el asfalto. Algún centenar de metros de pista permite no aburrirse mortalmente y una bajada hacia Planes. Poco más. Ah!, el barranco está bien, agua de color turquesa y pozas que invitan a bañarese, pero la verdad, con tanto asfalto como que era menos bonito. La guía dice “puro BTT” ¿?.
Lo bueno de llegar a Planes es que es el lugar para empalmar con la otra ruta del día: La Vall d’Alcalá. La ruta más completa “en todos los sentidos” dice la guía del Centro BTT El Comtat. La de mayor dureza, desnivel, duración y la de mayor carga cultural e histórica: JODER
Pues no nos enteramos de mucho, la verdad. Entre la atención necesaria para no perdernos ante la falta de marcas en el camino, las duras rampas con porcentajes serios (sin asfalto) llenas de piedros que necesitaban del resto de la atención disponible, no nos enteramos de la cultura. Recorrido duro, ascenso constante, mucha piedra, menos vegetación dada la altura (rozamos los 1.000 sobre el nivel del mal, huy! perdón, del mar) que en anteriores sierras y valles, masías abandonadas y un bosque pequeño pero precioso. Sí, lo mejor (si quitamos la larga bajada) fue un pequeño carrascal que atravesamos por una pista muy divertida, con grandes piedras sobre las que se podía cabalgar, y que recuerda cómo debía de ser aquello antes de que los usos y costumbres (cristianas) locales terminaran con todo. Carboneras y hornos de cal fueron usos “cristianos” traidos con la repoblación que ocupó estos terrenos tras el vacío provocado por la expulsión morisca a manos de Jaime I. Otros tiempos, tiempos de Al-Azraq. Dejémoslo aquí.
Esta ruta describe un 8. El cruce (la foto de arriba) en su segundo paso avisa del comienzo de la bajada: buena bajada. Bajada que toma su verdadera magnitud cuando en un descanso (después de que una piedra escupida por la rueda me hiciera un huevo en una espinilla) vemos cómo la pista por la que estamos bajando es “esa” que veíamos desde el otro lado del valle cuando ascendíamos y que se aparecía como “pindia de cojones”. Sí, mucho desnivel de bajada: qué gozada.
Poco más se puede decir de la ruta. Cuando regresamos a Planes para cerrar el 8 empalmamos nuevamente con nuestra querida ruta anterior y sí, seguía el asfalto. Ahora tocaba sobrepasar el embalse de Beniarrés, omnipresente desde todos los montes en los que estamos, y justo en su muro, teníamos que seguir el río Serpís, nuestro eje en toda nuestra presencia.
Bueno, con sorpresa final:

